EL PAISAJE DE SELLAÑO
De los rasgos vitales del artista,
por la puerta que te abre a su paisaje,
vas entrando en un mágico viaje,
y el color, en peldaños, te conquista.
Un reguero de miel para la vista
te conduce al onírico paraje
donde el ritmo del árbol su mensaje
deletrea en sus hojas sin arista.
Y hay un leve sendero que, aledaño,
se abre paso, lo mismo que una estela,
por el mar del trigal en que riela
la amapola más densa del rebaño.
Ser doctor de acuarelas todo el año
le somete a enseñar en esa escuela
por la gracia del arte a la que apela,
magistral, la pintura de Sellaño.
De ese gesto total sale sin daño,
con el viento a favor en cada vela
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